
Quiero un mundo sin ruidos, un mundo tranquilo, sin tener que correr.
Día a día se va con prisas hacia ninguna parte.
Bocinazos, empujones y, por supuesto, ninguna sonrisa.
Quiero ir hacia un lugar en calma donde pueda atender al saludo del sol y el canto de los pájaros.
Cuando me siento mas agobiada, cuando tengo un día como el de las ultimas semanas, en el que siento que el mundo se me viene encima y que todo se vuelve oscuro y frio , intento escapar, abrir una ventana al paraíso
Cada uno tenemos nuestro propio oasis en el desierto de la ciudad, donde las personas que nos rodean conforman grandes dunas que nos cierran el camino.
Quieres conocer mi paraíso particular? Cierra los ojos y trata de imaginar una gran explanada. Ahí, acostada en el verde suelo, me pierdo en la sensación de suavidad y frescor que desprende la hierba.
Me llega el aroma de las flores. Mis oidos sienten el regalo del silencio… Espera! Ahora hay algo que lo rompe…pero no son gritos , bozinazos, ni ruido de motores. No, es el canto de los pájaros, que me obsequian una serenata…
Siente la brisa… son caricias, trata de mecerte para que llegues a la dulzura de la paz…
Sí, ese es mi paraíso. Un lugar tranquilo, donde perderme y poder gozar de los regalos que día a día nos ofrece la vida, la naturaleza, y que nosotros despreciamos por “no tener tiempo”.

Ahora veo que se acerca alguien por el camino… Son mis pequeños hijos, valio la pena esperar su llegada...junto a ellos cada mañana mi despertar es un regalo,son mi paraiso,mi vida
No hay comentarios:
Publicar un comentario